CAMISA BLANCA: DE TODO MENOS BÁSICA

Detrás de cada prenda siempre hay un pasado, una historia, un origen, y con la camisa blanca no iba a ser menos. De hecho esta prenda que hoy en día la utilizamos en nuestros outfits tanto formales como informales comenzó siendo ropa de alcoba que los señores se dejaban puesta para protegerse del frío y solo se mostraban los cuellos.

Su primera aparición tal y como la concebimos hoy en día data de finales del S.XIX. Poco a poco fue evolucionando hasta convertirse en símbolo de distinción de estatus social. Los cuellos de camisa blancos impolutos significaba pertenencia a familia pudiente, por el acceso al lavado y no tener que trabajar en las fábricas. Para resolver este problema nacieron los cuellos postizos, de tal manera que se podían intercambiar sin necesidad de lavar toda la camisa.

Con la llegada el estilo garçon en los años 20 la camisa se posiciona para siempre como un básico en nuestro fondo de armario.

Y, ¿por qué sigue triunfando? Es sencillo, es una prenda muy versátil que se adapta a las necesidades de estilo. La famosa diseñadora Carolina Herrera declara: “Las puedes usar con o sin joyería, con jeans o con faldas cortas y largas. O llevarlas tanto para ocasiones especiales como para el trabajo”. En sus colecciones siempre están presentes, además la ha convertido en parte de su imagen e identidad, pues principalmente en sus apariciones suele llevar camisa blanca.

Esta semana te proponemos una de nuestras versiones: la blusa de satén de seda con contrastes de color blanco-negro con grandes mangas vaporosas plisadas y abotonada con botones Swarovski® Crystal.

Es perfecta para darle un toque glamuroso a tu estilismo más informal o aportar sofisticación a tu look de invitada perfecta o evento formal.

¿Y tú, cómo la combinarías?

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